Durante una entrevista en el pódcast de Jay Shetty, el reconocido médico y autor destacó que las heridas emocionales de la infancia no se curan solo con el tiempo y alteran profundamente el sistema nervioso y el cuerpo.
SANTO DOMINGO. – Las experiencias adversas ocurridas durante los primeros años de vida pueden trascender la etapa infantil y convertirse en un lastre físico y emocional durante toda la adultez si no se tratan adecuadamente. Así lo advirtió el médico y experto en trauma Gabor Maté, durante su participación en el pódcast del conocido estratega de vida Jay Shetty.
Maté explicó que el trauma psicológico no debe concebirse meramente como un recuerdo doloroso del pasado, sino como una herida emocional persistente capaz de alterar de manera profunda el funcionamiento del sistema nervioso, la mente y el cuerpo mucho tiempo después de que ocurrieron los hechos originales.
El trauma frente al estrés cotidiano
Uno de los puntos centrales abordados por el especialista radica en diferenciar el estrés cotidiano del trauma clínico. Según indicó, aunque «toda experiencia traumática es estresante, no todo estrés es traumático».
Para Maté, el trauma representa la lesión psicológica que genera un acontecimiento y cuya huella puede permanecer activa durante años, manifestándose más adelante en la vida adulta a través de trastornos emocionales, físicos o conductuales. Asimismo, cuestionó el mito popular de que «el tiempo lo cura todo», señalando que las heridas emocionales suelen permanecer latentes y pueden reactivarse ante estímulos presentes que recuerden el episodio original, por lo que se requiere un proceso consciente de reconocimiento y sanación.
Claves del desarrollo infantil y factores de riesgo
El especialista subrayó que los primeros años de existencia resultan determinantes para consolidar el bienestar emocional a largo plazo. Entre las necesidades fundamentales que todo niño requiere para un desarrollo cerebral y psicológico saludable, Maté destacó:
El afecto incondicional por parte de sus cuidadores.
La libertad para expresar todas sus emociones sin temor al rechazo.
El acceso al juego libre, considerado un pilar esencial para la neuroevolución.
El médico advirtió que la carencia de estas condiciones básicas puede lesionar el equilibrio emocional de un infante, incluso en contextos donde no exista un maltrato físico o psicológico evidente.
Preocupación ante las dinámicas modernas
En el ámbito social, Maté alertó que las crecientes presiones académicas, la sobreexigencia moderna y la reducción drástica del tiempo dedicado al juego libre dificultan que las nuevas generaciones cubran sus necesidades emocionales esenciales.
Ante este escenario, manifestó su profunda preocupación por el incremento sostenido de problemas de salud mental en la infancia, tales como la ansiedad, la depresión y los trastornos de atención. El especialista concluyó que comprender a fondo la naturaleza del trauma infantil y brindar acompañamiento profesional temprano es la clave para prevenir secuelas irreversibles en la vida adulta.