El Ministerio de Exteriores israelí calificó de «falsas» y «cínicas» las acusaciones de 14 naciones islámicas reunidas en Jordania, las cuales exigen a la comunidad internacional frenar las acciones de grupos ultraderechistas en Jerusalén Este.
JERUSALÉN. – El gobierno de Israel aseguró este miércoles que continúa respetando estrictamente el histórico statu quo en la Mezquita de Al Aqsa —conocida por la tradición judía como el Monte del Templo—, en respuesta a una tajante declaración conjunta emitida por los ministros de Exteriores de 14 países islámicos, quienes acordaron impulsar una iniciativa global contra las «prácticas ilegales» de Tel Aviv en Jerusalén Este.
A través de un comunicado oficial, la cancillería israelí rechazó de plano los señalamientos pactados en el cónclave ministerial convocado por Jordania:
«La declaración, apoyada por los Ministerios de Exteriores del Comité Ministerial Árabe... está sustentada en acusaciones falsas, deformaciones históricas y una total ignorancia de los hechos», indicó el texto diplomático.
Asimismo, el ministerio tildó de «cínico» que los países firmantes acusen a Israel de socavar la libertad de culto, al tiempo que defienden que el complejo sagrado sea de uso exclusivo para los musulmanes, omitiendo —a su juicio— los profundos lazos históricos del judaísmo con la zona.
El trasfondo del statu quo y la polémica por las visitas
El marco regulatorio conocido como statu quo fue instaurado por el Ejecutivo israelí tras la Guerra de los Seis Días de 1967, año en el que Israel ocupó Jerusalén Este (territorio anexionado formalmente en 1980). Dicho acuerdo delega la administración operativa del recinto sagrado en el Waqf, una institución dependiente de Jordania, y establece que los musulmanes tienen derecho al rezo en el interior, mientras que los visitantes judíos solo pueden acceder bajo la condición de turistas.
Sin embargo, las tensiones se han disparado recientemente debido a masivas incursiones de colonos y dirigentes de la derecha nacionalista judía. A finales de julio, durante la festividad religiosa de Tisha B’Av, más de 3.000 judíos ingresaron al lugar sagrado escoltados por fuerzas policiales israelíes. La marcha estuvo encabezada por el ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, quien de manera abierta demanda que el Estado hebreo asuma el control soberano total del complejo.
Frente a estas críticas, la postura oficial defendió que, bajo la soberanía israelí, «Jerusalén, la eterna capital del Estado de Israel, nunca ha sido más abierta y accesible para los creyentes de todos los credos».
Reacción de los países islámicos y llamado a la ONU
La cumbre diplomática de emergencia celebrada en Amán responde a la creciente indignación en el mundo musulmán ante lo que califican como provocaciones sistemáticas y violaciones flagrantes a los acuerdos históricos.
Los cancilleres de las 14 naciones acordaron coordinar una «iniciativa conjunta» para presionar a la comunidad internacional y forzar a Israel, en su calidad de «potencia ocupante», a cesar las alteraciones en los lugares sagrados. Del mismo modo, exigieron al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la adopción de medidas inmediatas y de carácter coercitivo.