Impulsados por el auge de la inteligencia artificial, los centros de datos generan un rechazo bipartidista en EE.UU., convirtiéndose en un tema central de cara a las elecciones de noviembre.
ESTADOS UNIDOS. – A poco más de dos meses de las elecciones de medio mandato previstas para el próximo 3 de noviembre de 2026, los centros de datos —la infraestructura invisible que sostiene el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y la conectividad global— se han transformado en el nuevo epicentro del debate político en los Estados Unidos.
Lo que inicialmente comenzó como una postura de resistencia impulsada por sectores del Partido Demócrata ha mutado rápidamente en una causa bipartidista. Políticos de ambas fuerzas políticas se suman a las demandas ciudadanas para exigir limitaciones, restricciones o moratorias temporales a su construcción, chocando frontalmente con el respaldo institucional que defiende el presidente Donald Trump desde la Casa Blanca.
Cinco claves para entender la controversia
1. El auge histórico de los centros de datos
Impulsados por la expansión de la inteligencia artificial, estas gigantescas instalaciones que concentran miles de servidores demandan enormes cantidades de energía y sistemas masivos de refrigeración. Se proyecta que los cinco grandes gigantes tecnológicos (Amazon, Microsoft, Google, Meta y Oracle) inviertan más de 750,000 millones de dólares en 2026, lo que representa un aumento del 67 % respecto al año anterior y la mayor inyección de capital en un solo sector desde la burbuja de las "puntocom" o el auge del ferrocarril. Actualmente, el país alberga unos 4,000 centros de datos, mientras que al menos 75 nuevos proyectos se han visto frenados por moratorias locales en el primer trimestre del año.
2. La crisis de recursos y la ubicación
La alta demanda de agua y electricidad en zonas urbanas y rurales ha generado roces directos con las comunidades locales. En un contexto donde el coste de la vida encabeza las preocupaciones de los ciudadanos, los vecinos culpan a estas instalaciones del encarecimiento en sus facturas de servicios públicos. Según Alejandra Castillo, exsubsecretaria de Comercio durante la administración Biden, estas plantas representan un coste energético tan elevado para una zona que impedirían, por ejemplo, el abastecimiento para construir un hospital. Asimismo, los críticos señalan que su impacto económico positivo se limita a la fase de construcción y no crea empleos sólidos a largo plazo.
3. El contundente rechazo ciudadano
La oposición social ha alcanzado niveles sin precedentes. Una encuesta de Gallup publicada en mayo revela que más del 70 % de los estadounidenses se opone a la construcción de estas instalaciones cerca de sus comunidades, un porcentaje de rechazo superior incluso al que genera la instalación de una central nuclear. La presión ciudadana se consolidó el pasado 18 de julio, cuando se celebraron más de 142 protestas coordinadas en 42 estados bajo el movimiento Humans First, que exige priorizar a las familias por encima de las corporaciones tecnológicas.
4. La respuesta electoral de los políticos
Con la renovación en juego de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y diversos cargos estatales, los candidatos han adaptado sus posturas a la presión de los votantes.
Demócratas: Figuras como el candidato al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, y la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul —quien prohibió por un año su construcción— han endurecido sus medidas. Incluso gobernadores como Josh Shapiro (Pensilvania) han pasado de celebrar inversiones tecnológicas a exigir estrictos requisitos.
Republicanos: Ante la presión electoral, gobernadores como Greg Abbott (Texas) ordenaron a principios de mes una pausa en los nuevos proyectos hasta evaluar su impacto real en el suministro de agua y la red eléctrica, distanciándose de la postura federal.
5. La carrera tecnológica internacional frente a Washington
Mientras la Casa Blanca y el presidente Donald Trump sostienen que la proliferación de centros de datos es una cuestión de seguridad nacional innegociable para ganar la carrera tecnológica frente a China, las repercusiones a nivel local y estatal siguen escalando. Las consecuencias políticas de este choque entre la geopolítica de la IA y el malestar de las comunidades se medirán de forma definitiva en las urnas el próximo 3 de noviembre.