Cientos de devotos, caballistas y familias partieron este lunes antes del amanecer para cumplir con una de las expresiones de fe popular más arraigadas del país, recorriendo a pie y a caballo los caminos del este en un trayecto de cuatro días.
BAYAGUANA / HIGÜEY. – Con la fe intacta y el fervor tradicional que caracteriza a las comunidades rurales del este de la República Dominicana, cientos de creyentes iniciaron puntualmente a las 6:00 de la mañana de este lunes la tradicional peregrinación que une al municipio de Bayaguana con la basílica de Higüey, en honor a la Virgen de La Altagracia.
La partida de los peregrinos se registró antes de que saliera el sol desde Bayaguana, provincia Monte Plata —hogar también del célebre Santuario Nacional Santo Cristo de los Milagros—, dando inicio a una travesía de cuatro días de caminata y cabalgata que combina la devoción mariana con las costumbres del campo dominicano.
Recorrido y paradas de la fe
El itinerario de la peregrinación abarca diversas comunidades de la región oriental a lo largo de cuatro jornadas de marcha:
Primera parada: La Sierra, donde los participantes concluyen la primera etapa del camino tras una extensa jornada.
Trayectos siguientes: La Guajaba, Santa Lucía y Santana, antes de arribar finalmente al municipio cabecera de la provincia La Altagracia.
Más allá del esfuerzo físico, la tradición contempla que cada noche en las comunidades de parada se celebren vigilias, cantos de salves, bailes y encuentros de confraternidad, fortaleciendo los lazos espirituales y comunitarios entre los caminantes y los residentes locales.
Recolección de ganado y ofrendas
Uno de los elementos más distintivos de esta manifestación religiosa es la recolección de toros donados por ganaderos, productores y lugareños a lo largo de toda la ruta. Al llegar a Higüey, los animales son entregados formalmente a los representantes de la Iglesia Católica para ser subastados, destinando los fondos recaudados a obras caritativas y actividades pastorales del santuario altagraciano.
Esta peregrinación se consolida año tras año como un testimonio vivo del patrimonio cultural y religioso del pueblo dominicano, congregando a devotos que pagan promesas o renuevan su devoción hacia la protectora espiritual del país.