Las fricciones con las administraciones de Donald Trump y Javier Milei marcan el pulso electoral de cara a octubre. Mientras Brasilia denuncia injerencia extranjera y rechaza aranceles, la oposición capitaliza el descontento en medio de encuestas divididas.
BRASILIA. – El escenario político de cara a los comicios presidenciales de octubre en el gigante sudamericano ha dado un giro drástico tras la irrupción de una abierta crisis diplomática. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se encuentra en el centro de un fuego cruzado internacional que enfrenta a su gobierno con las administraciones de Estados Unidos y Argentina, lideradas por Donald Trump y Javier Milei, respectivamente.
Los roces, que escalaron de manera simultánea en los últimos días, han convertido la política exterior en el eje central del debate electoral, movilizando tanto el sentimiento nacionalista como los cálculos de los diferentes bloques partidarios.
Choque frontal con Washington y represalias migratorias
Las hostilidades con la Casa Blanca sufrieron un nuevo hito cuando Estados Unidos anunció la retirada del visado a la embajadora brasileña, bajo el argumento de supuestas demoras por parte de Brasilia para conceder el beneplácito al diplomático estadounidense designado por Trump, Daniel Pérez.
El Ejecutivo brasileño condenó de inmediato la medida, calificándola de infundada y tildándola de un claro intento de intervención en el proceso democrático brasileño.
A esta tensión se suma el malestar económico generado por el reciente anuncio de la administración estadounidense de imponer un arancel del 25 % a gran parte de las exportaciones procedentes de Brasil, una jugada que ha tenido un fuerte eco en el electorado. Mientras el oficialismo denuncia un castigo comercial injustificado, la oposición —encabezada por el candidato presidencial Flávio Bolsonaro— ha achacado el conflicto a la «incompetencia» y al «rencor» de Lula hacia Washington.
Brasilia degrada relaciones con Buenos Aires
En paralelo, la tensión en el Cono Sur alcanzó un punto crítico cuando el gobierno de Lula decidió degradar las relaciones diplomáticas con Argentina al nivel de encargados de negocios y retirar a su embajador en Buenos Aires.
La drástica decisión diplomática responde a las reiteradas ofensas verbales proferidas por el mandatario argentino, Javier Milei, quien ha calificado públicamente a Lula de «corrupto», «presidiario» y «ladrón». El punto de ebullición ocurrió durante un acto político en suelo brasileño en apoyo al lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro, principal rival opositor de Lula.
Pese a la nota formal de protesta emitida por Itamaraty, el gobierno de Milei descartó cualquier disculpa. El canciller argentino, Pablo Quirino, reafirmó abiertamente la postura de su país:
«La región está cambiando de dirección ideológica. Nosotros eso lo celebramos y esperamos que también suceda en Brasil. Es un deseo expresado por el presidente», declaró.
El impacto en el tablero electoral y las encuestas
Frente a este escenario de presión externa, Lula adoptó una postura de firmeza institucional durante una reciente entrevista, asegurando que su administración no tolerará interferencias:
«Brasil no solo está preparado, sino que va a enfrentar a cualquier persona de fuera que quiera interferir en nuestro proceso electoral», aseveró el mandatario.
El impacto político de estos choques en las preferencias del electorado es complejo y genera divisiones en los sondeos publicados este miércoles:
Por un lado, un estudio de la encuestadora Meio/Ideia revela que el 45 % de los electores considera que el respaldo explícito de Donald Trump a un candidato disminuye sus posibilidades reales de victoria, reflejando el rechazo a la injerencia extranjera. En este contexto inicial, la oposición había sufrido un retrotexto ante la percepción de que la familia Bolsonaro presionó por sanciones contra el país.
Por otro lado, una encuesta de Genial/Quaest muestra que el 43 % de los brasileños desaprueba la gestión de Lula frente a los aranceles de EE. UU., frente a un 38 % que la respalda.
Aupado en parte por este descontento y el reacomodo geopolítico, Flávio Bolsonaro ha recortado distancia en las últimas semanas y se sitúa a unos cinco puntos por debajo de Lula de cara a una inminente y polarizada segunda vuelta el próximo mes de octubre.